Si sabía que el camarada Mancuso iba a conseguir las entradas para todos los films que había seleccionado me hubiese muñido de una carpa para acampar en el Abasto. Durante mi semana BAFICI llegué a pensar que ese mastodonte de concreto era mi casa y que los coloridos floggers eran mis primitos menores. Les juro que nunca había visto a tantos adolescentes con esos peinados. Pues que se peinen como les pinte el culo; son sus pelos, no los míos. Pero me llamó poderosamente la atención las ondulaciones de sus cabelleras.
Adolescentes pos modernos de lado, el BAFICI siempre es una cita amable para aquellos que gustamos de ver películas que seguramente no tendremos posibilidad de volver a observar porque su estreno en el cine “comercial” es casi un oxímoron.
La seguidilla comenzó el sábado 28 de marzo en el mencionado Abasto con la función de Cocina, film de Gonzalo Castro que tuve el gusto de ver con el camarada Mancuso. Pero eso era sólo el comienzo del raid ya que para el otro día tenía se proyectaba Parque Vía del mexicano Enrique Rivero. Este film participaba de la Selección oficial Internacional y bien merecida tuvo su inclusión ya que el director supo plasmar de manera explícita la forma en la que una persona puede convertirse en un ermitaño. |
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Parque Vía no sólo se destaca por un buen trabajo de los tiempos en el film, sino por una historia que lejos de ser pretenciosa logra atrapar al espectador. Uno nunca puede dejar de pensar en lo que sucede en la cabeza de Beto, el encargado de cuidar desde hace varios años una casa de la alta burguesía mexicana. El personaje vive solo en un enorme caserío que está a la venta desde hace lustros y su único contacto con el mundo son la dueña de casa -lo visita cada tanto-, la vendedora del inmueble –aparece cuando debe mostrarle la casa a posibles compradores– y una prostituta -que religiosamente se apersona en el caserío una vez por semana para intimar con Beto-. Las cuestiones que detonaron en mi cabeza luego de ver esta película tienen se relacionan con la posibilidad de que alguien puede realmente vivir aislado; si es posible abstraerse del mundo sólo para sentir la confortabilidad de verlo pasar delante de una pantalla de televisión; si es lógico vivir la vida sin que nada o casi nada la perturbe.
Sin prisa pero con ganas llegó el lunes 30 y la cita era 180 Grados de Raúl Perrone. Este film formó parte del ciclo Trayectorias, dedicado a los más renombrados directores de la movida independiente. La película está dentro de una trilogía conformada por Bonus track –exhibida en también en esta edición del BAFICI– y una tercera película que aún no ha visto la luz. En 180 Grados Perrone hace gala de lo que mejor sabe hacer: capturar los sentimientos de personajes adolescentes que están en la búsqueda de su espacio. Narrativamente la película se lleva todos los aplausos ya que el prolífico director utilizó como herramienta de trabajo cámaras de fotos digitales. El resultado es un experimento fabuloso porque brinda la posibilidad de contar historias, de hacer cine, aunque algún puritano se enoje, con algo que hoy por hoy se tiene a mano. Lo que hace pensar
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Raúl Perrone habla tras la proyección de 180 grados
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| en el futuro del séptimo arte. ¿Cuáles serán los caminos técnicos del cine en un futuro no muy lejano? Como sugerencia de un humilde servidor hubiese redoblado la apuesta buscando la manera de subir el material, o parte de él, a la web, aprovechando su formato. |
El martes 31 fue el día de la joya de la semana: Waltz with Bashir. El film de Ari Folman formó parte del ciclo Panoramas. Este film se tiene bien merecido los elogios previos que gran parte de la prensa especializada le otorgó. En esta película también compartí sala con el camarada Mancuso y por suerte abandoné, al menos por dos jornadas, el Abasto para mudarme a la sede del Atlas Santa Fe. Poco tiene que ver con el racconto de films latinoamericanos, pero siempre es bueno mencionar una película recomendable.
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El miércoles 1º de abril fue el turno de La madre de Gustavo Fontán, que participó en la Selección oficial de las películas nacionales y que se exhibió en el renovado Teatro 25 de Mayo. La sinopsis del programa oficial del BAFICI reza: “Una madre (una mujer abandonada), un hijo y su novia habitan la intimidad del último film de Fontán. Hecho en base a primeros planos detalle de diversos objetos que lo pueblan”. La utilización de los planos cerrados no le podría haber dado a Fontán mejor resultado ya que supo capturar la sensación de ahogo en sus personajes. |
Como si estuviesen atados a algo que no los deja ser que no les permite desembarazarse de un peso que no pueden quitarse de encima.
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El ciclo de mi selección de películas latinoamericanas siguió nuevamente en el Abasto el viernes 3 con Bagatela, un film documental del colombiano Jorge Caballero. El director retrató el drama por el que tienen que pasar varios colombianos que son pillados en la calle por delitos menores. El relato está construido a través de historias tan cotidianas como simples. Una madre que fue capturada por vender cd's piratas, un par de homeless acusados de robar cables, un padre de familia denunciado por robarse un perfume de 16 dólares, etc.
Todos ellos son sometidos a la elección de salir en libertad a cambio de aceptar su culpabilidad y que ese hecho pase a formar parte de sus “antecedentes”. Este film posibilita abrir el debate en torno a la fragilidad en la que muchos de estas personas se encuentran y que por un error que cometen son puestos a girar dentro de un sistema judicial para ser convertidos en carne de cañón. Bagatela se llevó el premio a la mejor película dentro de la Competencia Derechos Humanos. |
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Mi raid cinéfilo/latinoamericano finalizó el sábado 4 con la proyección de otro documental. Se trató de Los Herederos, film que retrata la vida de un grupo de niños de México cuya vida transcurre trabajando de sol a sombra. Un relato casi sin diálogos que mantiene al espectador enfocado –demasiado explícito para mi gusto– en lo que el director quiso contar: la infancia de unos niños que deberían estudiar y jugar y no trabajar. La mirada de Eugenio Polgovsky pone de manifiesto una problemática en que afecta no sólo a niños de México sino de todo el mundo. El director encarna de forma cruda el círculo al que ese grupo de chicos se verá sometido el resto de sus vidas.
Sin querer queriendo o quizás queriendo a propósito este grupo de films deja por lo bajo la enorme sensación de una región atada a algo que no la deja crecer. Desigualdad, miedos, inseguridades personales, son algunas de las cuestiones de los films que me tocó ver. Muchos dicen que la cultura es el reflejo –en realidad, el único que refleja es el espejo– y que somos los que somos a partir de cómo nos expresamos. Pues, un pantallazo por este puñado de películas latinoamericanas nos permita entender un poco más el terreno en el que nos encontramos parados. |