No hubo sorpresas. La favorita de casi toda la crítica especializada, la portuguesa Aquele querido mês de agosto de Miguel Gomes resultó elegida “mejor película” en la competencia internacional”, se lee en la página oficial del BAFICI. De más está decir que este cronista no forma parte de la “crítica especializada”, y que esta película no estuvo entre las que presenció. Por ese motivo evitaremos hablar de ella. Ganó y bien merecido lo debe tener, al fin y al cabo, todos sabían que iba a ganar, desde el principio.
De las 18 películas que formaron parte de la competencia internacional, estuvimos en cinco de ellas. Un recorrido azaroso nos puso en el camino de dos films coreanos, uno argentino, uno de Indonesia y otro de Austria. Al igual que para el público, Breathless de Ik-June Yang, fue la mejor, y merecidamente, para el que escribe estas líneas, se llevó el premio de los espectadores a la mejor película internacional.
La mirada de los otros
Entre las películas elegidas por este humilde servidor primó el cine oriental. Pese a las diferencias geográficas –y formativas- no hubo, en general, mayores problemas de comprensión. Se trató más bien de una experiencia enriquecedora. Pero vayamos en orden cronológico. |
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El comienzo fue con Blind pig want to fly, película indonesa dirigida y escrita por Edwin. El film relata una historia fragmentada y de crítica encriptada a la sociedad de ese país, difícil de entender desde una butaca en el Abasto. Las historias de varios personajes, en especial el odontólogo chino, musulmán y homosexual –como coleccionista de rasgos de minorías-, se entrecruzan con el objeto común de formar una identidad propia. La forma narrativa, con trazos de surrealismo, y la distancia cultural dificultan que las intenciones del realizador se concreten.
Por su parte, en Breathless –Ddongpari, es su nombre original- todo es violencia. El film es una opera prima, protagonizada, escrita y dirigida por el coreano Yang Ik-June. Plantea un relato técnicamente impecable, simple y por momentos previsible, pero potente, sentido y con muy buen humor ante las golpes bajos de la vida. Song-Hoon es un golpeador a sueldo que trabaja para un amigo, recaudando deudas. Su vida es simple: golpear y golpear, a conocidos y fundamentalmente a extraños.
La violencia cruza el film mostrando las condiciones de producción de ese hombre violento y tosco, que se mueve serio y silencioso. Pero también muestra que los abusos y el machismo están en cada casa y cada esquina de esa cultura. En las casi dos horas que dura la película, serán su sobrino y una adolescente a la que conoce de casualidad –y hasta le saca un sonrisa- los que irán llevándolo a un transformación que se ve venir. Así como el final, violento por su contraste, entre lo que pudo ser y no fue. Un drama, con todas las letras. |
Fuera de competencia |
| Fue la que más me gusto, así que no puedo olvidarme de ella. Paradójicamente, fue la primera película que vi. Se trata de el film taiwanés No puedo vivir sin ti, que dentro de la categoría Panorama repasa los obstáculos burocráticos que debe sortear un padre soltero de bajos recursos para que su hija vaya a la escuela pública. Un drama de detalles, en blanco y negro. Basada en una historia real, Leon Dai la cuenta con pocos golpes bajos, un realismo crítico y grandes actuaciones. Y por su puesto con la maestría y la simpleza técnica –adorable fotografía- con la que filman en oriente. |
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En La Risa, primera película del argentino Iván Fund, el viaje se hace largo, se extiende más de la cuenta. Se trata de cuatro amigos que van en un Peugeot 504 después de una noche de boliche y hacen hasta lo imposible por no irse a dormir. La estética de primeros planos desnuda a los personajes por momentos, pero la mayor parte del tiempo agobia al espectador. Nos pone adentro de ese auto, todos apretujados y con olor a cigarro. Cuanto más dura el viaje, más nos queremos bajar del coche. El intimismo se alcanza de ratos, pero la mayor parte del tiempo se pierde en las relaciones de cuatro amigos con poca gracia, que parecen ni conocerse. Una buena idea, que podría haberse trabajado de una forma más profunda.
Otra película no tan lejana para nosotros fue Marz. El film austriaco de Klaus Handl nos pone a reconstruir los problemas de tres familias tras el suicidio de un grupo de amigos. Las muertes desencadenarían diversos conflictos entre los personajes que quedan con vida. Sin embargo, la historia avanza sin lograr vincular del todo los hechos. Los problemas se tornan tan cotidianos que nos dejan pensando que con o sin esas muertes hubieran estallado de todos modos. Un drama liviano que comienza entreteniendo al espectador, obligándolo a armar los árboles familiares a medida que se presentan los personas, pero que se diluye con los minutos, en actuaciones superficiales y conflictos poco definidos. |
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La película taiwanesa No puedo vivir sin tí no formó parte de la competencia, pero fue la favorita del cronista |
El cierre de este recorrido por el 11er BAFICI nos volvió a poner frente al cine del lejano oriente. Con Daytime drinking –Not sool- otra película coreana con la que levantamos un poco el nivel antes de despedirnos. En este film de Young-Seok Noh –que dirigió, escribió, filmó, etc- tenemos como protagonista a un adolescente melancólico que pasa por varias desventuras –vacaciones frustradas, robo, acoso, confusiones varias- siempre acompañado, como lo dice el título, por el alcohol. Con momentos entretenidos, un guión divertido y cambiante, se trata de una película simple para pasar un buen rato. Sin grandes pretensiones, poco presupuesto y claridad desde la puesta técnica, Daytime drinking entretiene y te acompaña hasta el final con una mueca de alegría.
Un balance positivo para la competencia internacional. Apenas una película gusto poco, un par que se quedaron a mitad de camino y dos piezas coreanas que cumplieron. Además del bonus del bonito drama taiwanés. Si bien ninguna de estas fue la gran ganadora del Festival, al menos nos queda el consuelo de las masas. Al igual que para los espectadores, que votaron tras las funciones, para este cronista el premio se debía llevar Breathless. Ahí estuvo Alrededores: lejos de la “prensa especializada”, firme junto al pueblo. |