"El ignorante pretencioso es como el cobarde, que para disimular su miedo da voces en la sombra " (José Martí)
Año 3 - Nro. 24 - febrero 2008
      
 
La propuesta es acercarse a un templo para vivir una tarde junto a los devotos de Krishna. Charlas filosóficas, cánticos y bailes religiosos y la degustación de refrigerios vegetarianos forman parte de la jornada. Aquí la crónica de una tarde dominical en el santuario de la ciudad de Buenos Aires.
 
 

El Centro Bhakti Vedanta ubicado en el barrio de Villa Urquiza hospeda al movimiento espiritual de la Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna. Los Hare Krishna (como se los conoce vulgarmente) están registrados en el país de dos maneras: son considerados una asociación civil sin fines de lucro a través del Bhakti Vedanta y además están registrados como un culto religioso. Este centro nace en 1979. En esos años se encontraba en Ecuador y Corrientes y a raíz de la dictadura militar el lugar fue cerrado. Durante esa época todas sus actividades las realizaban de forma clandestina.

Tal fue la persecución hacia los devotos que utilizaban pelucas para ocultar las cabezas rapadas que suelen distinguir a los integrantes de este grupo.

En 1985, luego del retorno de la democracia, se asientan en forma definitiva en la finca que hoy los alberga. Al parecer el movimiento atraviesa un momento de franca expansión, pues para el próximo año los devotos planean mudarse a Colegiales. Jorge Newbery y Ciudad de la Paz serán las coordenadas del nuevo templo en Hare Krishna en Buenos Aires.

Algunos devotos convrsando en la puerta del centro

La pregunta sobre de qué manera se mantienen financieramente se responde muy fácilmente. El Centro Bhakti Vedanta cuenta con un restaurante vegetariano que tiene el privilegio de ser el único en varias cuadras a la redonda. Además, cuentan con una boutique que vende todo tipo de indumentarias y accesorios característicos vinculados a la cultura védica. Más allá del restaurante y de la tienda el movimiento cuenta con Bhakti Vedanta Book Trust, una editorial que a nivel mundial se encarga de editar los libros que difunden su visión del mundo. A través de esos textos la mayoría de los devotos comienzan a acercarse a Krishna.

El abc de este movimiento tiene algunas pautas en cuanto al estilo de vida de los devotos. Tal vez el más conocido tenga que ver con el vegetarianismo al cual suscriben. No comen carne, ni huevos . Según su visión del mundo las otras criaturas son seres vivientes espirituales. Con lo cual la matanza de los mismos haría que las leyes del karma se pongan en acción para que el sufrimiento ocasionado regrese al ser humano.

Los seguidores de Krishna se rigen también por un estilo de vida alejado de los excesos ocasionados por los mal llamados vicios. Es decir, ni drogas, ni alcohol, ni cigarrillos, ni té, ni café forman parte de la vida de un verdadero seguidor de Krishna. Tampoco suscriben a los juegos de azar. Si usted, lector amigo, es un aficionado a la timba sepa que los devotos de Krishna no lo acompañan en el sentimiento. En cuanto al sexo ellos no aceptan tener relaciones sexuales así porque si. Sino que el lugar de la sexualidad está ligado a la procreación.

Las huestes de Krishna

El sol de enero se esconde detrás de algunas nubes que amenazan con una lluvia torrencial. Es sólo una intimidación. Con el correr de las horas la nubosidad desaparecerá y nadie se acordará que estuvo a punto de llover. ¿Será por obra de Krishna? Como todos los domingos los seguidores de Krishna se reúnen en el Bhakti Vedanta. Las actividades del día incluyen una charla filosófica a cargo del gurú Gunagrahi das Goswami, una sesión de canto y baile y por último unos refrigerios que son convidados a todos aquellos que se hayan acercado al templo.

Las personas que deseen ingresar al templo deben descalzarse. Así lo indican las reglas. Para la comodidad del seguidor, o del simple curioso, en la entrada del templo hay un improvisado zapatero. Allí los fieles o visitantes, para el caso es lo mismo, se encuentran con Cristina , una devota de Krishna. Tiene 60 años, vive en Boulogne y se acercó al templo hace poco más de cuatro años.
En la entrada al templo, el improvisado zapatero

“Yo era vegetariana y además creía en la reencarnación, tal cual como lo creen los krishnas. Me empecé a acercar a la filosofía a través de los libros. Me gustaba lo que leía pero no era de venir al templo. Hasta que un día me acerqué y ahora vengo todos los domingos”, cuenta la amable señora. Según sus palabras ella no es una experta en esto de la cultura védica, por eso es que sin tiempo que perder llama a uno de los devotos que se encuentra a no más de diez metros del zapatero.

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