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Charles Chaplin con un títere de su personaje más importante, el vagabundo |
Hace 120 años, cuando nació, ya era casi un vagabundo. La pobreza de Londres, la temprana muerte de su padre, la locura de su madre, los orfanatos, los teatros ambulantes, las calles y las rutas, fueron formando al joven Chales Spencer Chaplin.
Cuando el destino lo puso en frente de un productor de Hollywood y después en un barco, rumbo a EEUU, tenía 24 años. En el baúl de sus personajes ya viajaba con él ese hombre divertido de traje gastado, zapatos grandes, sombrero bombin, bastón, bigote ancho y gran corazón.
Durante años, proyectó en celuloide parte de su vida pasada, de su infancia, en las aventuras de un hombre que busca alcanzar su “sueño americano”, sin conseguirlo. Una persona dispuesta a todo, incluso a trabajar –como afirma en uno de los mejores chistes de Tiempos Modernos-, como tantos otros individuos que sufrían las crisis de EEUU a principios del siglo XX.
Su familia, de artistas, y su vida callejera crearon su personaje más brillante. Su genio para actuar, escribir, musicalizar, producir y dirigir películas hizo el resto. Cambió el cine, iluminó una época e hizo que muchos se sintieran escuchados. Murió en Suiza, como un Sir británico, y escribiendo las músicas de sus películas mudas. Completando su obra, ese legado cultural tan invaluable.