Los sábados por la noche, en una pequeña sala de San Telmo, la Historia tiene turno para que examinemos a sus pacientes más ilustres del último siglo. Al menos, esa parece ser la intención del español Antonio Alamo autor de Los enfermos, la obra que se presenta, puntualmente desde las 21, en el Espacio Ecléctico.
El poder como elixir y veneno es el hilo conductor de los tres cuadros. Primero el cuasi monólogo de Hitler –en minuciosa y compleja interpretación de Guido D' Albo-, en los momentos previos a su suicidio en el bunker subterráneo. Luego, el encuentro secreto entre Stalin y Churchill tras la caída de Alemania para repartirse los restos de Europa. Y por último, un mitin privado entre Stalin –muy buena interpretación de Héctor Sinder- y sus temerosos y arteros ministros. |
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Tres momentos que la obra utiliza para deconstruir la Historia , poniéndola en duda. De a ratos, reduciendo con humor las siniestras figuras de los líderes enceguecidos por el poder. Pero fundamentalmente, matizando con las risas las muertes y la sangre que brotan de las voces y los gestos de esos hombres, convertidos en líderes.
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Una escenografía simple, ágil e inteligente, que destaca a los actores y dinamiza los profundos parlamentos. Actuaciones sólidas y parejas de principio a fin, precisamente dirigidas por Iris Pedrazzoli, que dejan pensando tanto como las palabras.
Todo gira en torno al poder, y las responsabilidades compartidas entre mandatarios y pueblos. Y en el final una pregunta que llega con audios actuales y se va con el público: ¿Qué hacemos para no repetir la Historia ? Una puesta que expresa lo que quiere, y deje para el espectador dar con el diagnóstico. |