Armoniosa fusión de música, danza, poesía y quien sabe qué otro arte. Tres lenguajes comunicándose a través de una fluida conversación en la que todos tienen su tiempo de solos para desplegar sus argumentos. Un homenaje a Federico García Lorca que recorre su obra: su poesía y su dramaturgia, su tierra y sus flores, su música y su baile.
En el cuerpo se dibujan las palabras que conforman el universo lorquiano, palabras que por momentos sobran. Como si el sólo repicar de sus tacones bastaran para decir. La sensualidad y la fuerza de su baile flamenco dan forma a las palabras del poeta. Julieta Cancelli habla, baila, canta e interpreta la tierra de Lorca, su raíz.
Vinculo inseparable, la música de “Lorca, poeta de tierra”, sobresalta el verbo. Diálogo constante en el que los músicos en escena muestran su gracia y hacen vibrar a ese cuerpo bailarín y a quien lo mira y escucha. Simétrico duelo.
Y el vestuario, desde el torero a la manola y de la manola a la solterona. Despliegue de telas que se mueven al compás. Ricardo Bangueses, director de la obra, conjuga esos verbos de manera tal que ninguno se sobrepone al otro, todos son escuchados a la misma velocidad, todos conmueven con la misma intensidad. Así fue, como del poeta vi su tierra a través de la danza y la música que mejor lo explican.
Y después
Los laberintos
que crea el tiempo
se desvanecen. (Sólo queda
el desierto)
El corazón
fuente del deseo,
se desvanece.
(Sólo queda
el desierto)
La ilusión de la aurora
y los besos
se desvanecen.
Sólo queda
el desierto.
Un ondulado
desierto.
Federico García Lorca |
|